lunes, 5 de mayo de 2025

Defender a Cuba, transformar Chile

 


En cada periodo electoral en Chile, los grandes medios de comunicación controlados por los capitales económicos recurren a viejos comodines para desviar el debate político de los problemas reales que afectan a nuestro pueblo. Entre esos recursos repetidos, la constante mención a Cuba y a su modelo político ocupa siempre un lugar destacado. Lo hacen no porque les interese sinceramente la realidad cubana, sino para distraer la atención, deslegitimar a quienes buscamos transformaciones profundas y sembrar miedo entre las y los trabajadores. Desde una perspectiva de izquierda, en particular de quienes nos identificamos como comunistas, es fundamental responder con claridad, pero sobre todo mantener el foco en lo que realmente importa: las transformaciones necesarias para el pueblo chileno.

El modelo político cubano nació de una revolución popular que logró derrocar a una dictadura feroz y a un régimen completamente subordinado a los intereses de Estados Unidos. Desde 1959, Cuba ha construido un sistema basado en la soberanía nacional, la participación comunitaria y la prioridad del bienestar colectivo. Mientras en Chile y gran parte de América Latina las democracias liberales han convivido con el saqueo neoliberal y la desigualdad, Cuba ha priorizado derechos básicos como salud, educación, cultura y vivienda. Por supuesto, el proceso cubano no está exento de dificultades, muchas de ellas agravadas por el bloqueo económico impuesto por EE.UU., pero ha sido un esfuerzo por construir una sociedad centrada en las personas y no en el lucro.

Ahora bien, reconocer la validez histórica y política del proceso cubano no significa que debamos trasladar su modelo de forma mecánica a nuestra realidad. Chile tiene su propio camino que recorrer, marcado por su historia, su cultura y sus luchas. Aquí, lo fundamental es avanzar hacia una democracia más profunda, que supere las limitaciones de la democracia liberal representativa, hoy capturada por los grandes poderes económicos. Necesitamos construir un modelo político donde la ciudadanía participe efectivamente en las decisiones, donde los derechos sociales estén garantizados, y donde el bienestar de las grandes mayorías sea el eje de la política pública.

La insistencia de la prensa en centrar el debate en Cuba busca desviar la atención de las preguntas de fondo que afectan a Chile: ¿Por qué seguimos siendo uno de los países más desiguales del mundo? ¿Por qué derechos esenciales como la salud, la educación o la vivienda siguen siendo privilegios de pocos? ¿Por qué las riquezas generadas por las y los trabajadores terminan en manos de una minoría? Estas son las preguntas que debemos instalar en el debate electoral y social, y no dejarnos arrastrar por comparaciones que poco aportan a nuestra discusión nacional.

En resumen, defender la soberanía y los avances sociales de Cuba frente a las campañas de desprestigio es legítimo, pero el centro de nuestra atención y energía debe estar puesto en los desafíos de Chile. Nuestro compromiso está con las luchas locales, con las necesidades de nuestro pueblo, con los sueños de justicia, igualdad y democracia real que nos mueven cada día. Es aquí donde debemos concentrar nuestras fuerzas y construir, desde abajo, una alternativa de transformación social.

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