lunes, 21 de abril de 2025

La esperanza vuelve a ser herramienta política

 







Con la última entrega de los resultados de CADEM del 20 de abril, a fotografía electoral comienza a despejarse y revela una tendencia cada vez más clara: el pueblo comienza a darle la espalda a las expresiones agotadas del progresismo moderado y a las fuerzas conservadoras que solo proponen retrocesos. En esta nueva etapa, Jeanette Jara no solo emerge como una figura con presencia creciente, sino como una esperanza para quienes buscan una transformación real, desde la base y con contenido.

La caída de Carolina Tohá en las encuestas de 22% a 18% confirma lo que muchas y muchos advertíamos: el PPD representa una política que se agotó, que administró el modelo en vez de enfrentarlo. Su versión de la socialdemocracia chilena ya no entusiasma a nadie. Lo mismo ocurre con el Frente Amplio, que tras años en el poder ha mostrado más vocación por los equilibrios institucionales que por impulsar los cambios que prometieron desde la calle.

A su vez, la derecha comienza a mostrar fisuras en su aparente solidez. Su baja de 32% a 26% es una señal clara de que su discurso de orden, castigo y retorno al modelo de los ’90 ya no seduce a las grandes mayorías. Kast, con su fanatismo ideológico, no logra expandir su base, y Matthei no puede desmarcarse de un pasado que representa represión, privatización y desprecio por los derechos sociales.

Es en este escenario que Jeanette Jara crece con fuerza. Su alza de 9% a 12% en solo un mes es más que un dato: es la expresión de una búsqueda colectiva por una alternativa real. Su trayectoria como dirigenta estudiantil, subsecretaria y Ministra de Estado, su compromiso con los derechos sociales y su claridad política la posicionan como una candidatura seria, con arraigo popular y con proyecto. No es solo un nombre en una encuesta: es el reflejo de una voluntad por retomar la senda del cambio que el pueblo de Chile ha demandado en cada movilización de la última década.

Pero el camino no será fácil. La izquierda chilena tiene por delante el enorme desafío de reconstruir su unidad en base a un programa transformador y no a cálculos de gobernabilidad. Debe aprender de sus errores recientes: las alianzas sin contenido, las concesiones al poder económico y la desconexión con las organizaciones sociales. Jeanette Jara representa una oportunidad para corregir esa ruta, para rearticular una izquierda con raíces populares, con ética militante y con vocación de mayoría.

En el plano internacional, el escenario también es desafiante. Avanza la ultraderecha en América Latina y en el mundo, mientras las derechas tradicionales se mimetizan con su discurso para no perder terreno. Lo hemos visto en Argentina con Milei, en Europa con Le Pen y en Estados Unidos con Trump. En ese contexto, Chile debe optar entre ser parte de esa ola reaccionaria o recuperar el impulso transformador que lo convirtió en ejemplo de lucha popular. Jeanette Jara puede ser ese dique de contención, pero también la llave para abrir un nuevo ciclo regional desde la izquierda.

Chile no necesita una candidatura vacía de contenido ni una reedición tecnocrática del modelo neoliberal. Tampoco puede permitirse retroceder con la derecha. Lo que necesita es una conducción con coraje, con historia y con horizonte. Jeanette Jara encarna esa posibilidad, porque no viene del marketing político ni de las redes del poder tradicional, sino de las luchas obreras, del mundo popular y del compromiso real con una vida digna para todas y todos.

En definitiva, las encuestas no solo miden preferencias, miden estados de ánimo y cambios de ciclo. Y hoy ese ciclo apunta a la emergencia de una nueva izquierda, comprometida con el pueblo y dispuesta a gobernar sin traicionar. Jeanette Jara no es solo una candidata en ascenso: es una posibilidad concreta de que la esperanza vuelva a ser una herramienta política. Y si la izquierda es capaz de estar a la altura, no solo derrotaremos a la derecha, sino que abriremos un nuevo capítulo para Chile y su pueblo.

lunes, 14 de abril de 2025

Sube la luz, baja la dignidad


 






Hoy se anunció un nuevo golpe al bolsillo de millones de familias: un alza del 7% en las cuentas de electricidad. Se suma al aumento del pasaje a principios de este año, al alza sostenida del gas, y al precio del combustible, que parece no tener techo. Y mientras tanto,  ¿quién protege al pueblo?

La respuesta gubernamental siempre es a través de tecnicismos, habla de “ajustes” y “normalizaciones tarifarias”. Pero para quienes viven con un sueldo mínimo, para los adultos mayores, para las familias que apenas alcanzan a fin de mes, esto no es una cifra: es la angustia de no saber si se podrá pagar la luz sin dejar de comprar pan.

En Recoleta hemos demostrado que sí existen alternativas. Con la Farmacia y la Óptica Popular desafiamos el abuso del mercado en la salud. Con los huertos comunitarios, abrimos camino hacia la soberanía alimentaria. Y con el proyecto de Energía Popular, estamos demostrando que la energía también puede ser un derecho y no un negocio.

Estas experiencias no son soluciones aisladas. Son señales de una política distinta: una donde el Estado y las comunidades se organizan para garantizar lo básico, lo justo, lo que debería ser un derecho y no una mercancía.

Pero mientras el Estado central siga cediendo sus responsabilidades al mercado, la vida será cada vez más dura para el pueblo. El problema no es técnico, es político. Porque en el Congreso, una y otra vez, son los sectores de derecha quienes bloquean cualquier intento de recuperar control público sobre los servicios básicos. Defienden el modelo con dientes y uñas, porque en él se enriquecen los mismos de siempre, mientras millones apenas sobreviven.

Es hora de hacer un giro profundo. Esta etapa de construcción de propuestas para Chile no puede seguir siendo una discusión abstracta. Las urgencias del pueblo, “vivir con dignidad”, “pagar cuentas justas”, “tener derechos básicos garantizados”, deben estar al centro de los programas presidenciales.

Y no solo eso. Necesitamos un voto de compromiso claro de quienes aspiran a estar en el Parlamento: ¿van a seguir defendiendo los intereses del mercado o van a ponerse del lado del pueblo?

Porque cuidar el bolsillo del pueblo no es populismo, es justicia. Porque lo esencial no puede seguir en manos del mercado. Y porque no queremos sobrevivir: queremos vivir bien.

lunes, 7 de abril de 2025

Distrito 9

La consolidación del Partido Comunista en el norte de Santiago es el resultado de una construcción política sostenida, que tiene sus raíces en el año 2000 pero que se materializó decisivamente en 2012 con el triunfo de Daniel Jadue en la alcaldía de Recoleta. Desde entonces, el Partido Comunista ha desplegado un proyecto transformador en el territorio, basado en políticas públicas concretas como la Farmacia Popular, la Inmobiliaria Popular y una gestión municipal centrada en la dignidad de los sectores históricamente marginados. Este modelo no solo revitalizó el rol de los municipios, sino que irradió su influencia hacia otras comunas del norte y poniente de la capital, demostrando que otra forma de gobernar es posible.

Un hito clave en esta trayectoria fue la contundente derrota que el PC infligió al PPD en 2014, cuando Karol Cariola arrasó con el 72,2% de los votos en una primaria del entonces distrito 19, frente a Oscar Santelices (hoy coordinador del equipo de Carolina Tohá). Este resultado no solo reflejó el declive de la Concertación desconectada de las bases, sino también la solidez del trabajo territorial comunista. Desde entonces, el PC ha mantenido con firmeza su representación en el actual distrito 9, que agrupa comunas emblemáticas como Recoleta, Independencia, Quinta Normal, Renca, Conchalí y Cerro Navia con Karol Cariola y Boris Barrera.

Hoy, con Cariola imposibilitada de repostularse por el límite de reelecciones y proyectándose al Senado por Valparaíso, Daniel Jadue emerge como el único liderazgo con la fuerza y el arraigo necesarios para defender este escaño. Su trayectoria al frente de Recoleta, su legitimidad ante las mayorías populares y su capacidad de movilización electoral lo convierten en el candidato natural para garantizar la continuidad del proyecto que el PC ha levantado en la zona.

Pero esta fortaleza no es obra de un individuo: es el fruto de una construcción colectiva, donde el alcalde, los concejales y las bases del partido han tejido poder popular a través de diversas experiencias exitosas y una presencia activa en las luchas sociales. Esta red ha resistido embates judiciales y mediáticos, consolidándose como una alternativa real al neoliberalismo desde los territorios.

En este contexto, mantener este escaño no es un acto simbólico, sino una necesidad estratégica: se trata de asegurar una voz combativa en el Parlamento, que luche por las transformaciones que exige el pueblo. Como enseñaba Recabarren, la clase trabajadora necesita representantes que no se subordinen a los partidos del orden, sino que utilicen las tribunas para avanzar en sus derechos.

En un escenario de reconfiguración política, garantizar la presencia parlamentaria no es una opción, sino un deber histórico con las mayorías que han depositado su esperanza en el proyecto comunista. El norte de Santiago lo sabe, y por eso Jadue no es solo un candidato: es la continuidad de una lucha.

Entre Washington y realidad: quién construye la noticia?

  Asombra cómo los noticiarios chilenos replican casi al pie de la letra una pauta que parece escrita en Washington. Se presenta como “victo...