Con la última entrega de los resultados de CADEM del 20 de abril, a fotografía electoral comienza a despejarse y revela una tendencia cada vez más clara: el pueblo comienza a darle la espalda a las expresiones agotadas del progresismo moderado y a las fuerzas conservadoras que solo proponen retrocesos. En esta nueva etapa, Jeanette Jara no solo emerge como una figura con presencia creciente, sino como una esperanza para quienes buscan una transformación real, desde la base y con contenido.
La caída de Carolina Tohá en las encuestas de 22% a 18% confirma lo que muchas y muchos advertíamos: el PPD representa una política que se agotó, que administró el modelo en vez de enfrentarlo. Su versión de la socialdemocracia chilena ya no entusiasma a nadie. Lo mismo ocurre con el Frente Amplio, que tras años en el poder ha mostrado más vocación por los equilibrios institucionales que por impulsar los cambios que prometieron desde la calle.
A su vez, la derecha comienza a mostrar fisuras en su aparente solidez. Su baja de 32% a 26% es una señal clara de que su discurso de orden, castigo y retorno al modelo de los ’90 ya no seduce a las grandes mayorías. Kast, con su fanatismo ideológico, no logra expandir su base, y Matthei no puede desmarcarse de un pasado que representa represión, privatización y desprecio por los derechos sociales.
Es en este escenario que Jeanette Jara crece con fuerza. Su alza de 9% a 12% en solo un mes es más que un dato: es la expresión de una búsqueda colectiva por una alternativa real. Su trayectoria como dirigenta estudiantil, subsecretaria y Ministra de Estado, su compromiso con los derechos sociales y su claridad política la posicionan como una candidatura seria, con arraigo popular y con proyecto. No es solo un nombre en una encuesta: es el reflejo de una voluntad por retomar la senda del cambio que el pueblo de Chile ha demandado en cada movilización de la última década.
Pero el camino no será fácil. La izquierda chilena tiene por delante el enorme desafío de reconstruir su unidad en base a un programa transformador y no a cálculos de gobernabilidad. Debe aprender de sus errores recientes: las alianzas sin contenido, las concesiones al poder económico y la desconexión con las organizaciones sociales. Jeanette Jara representa una oportunidad para corregir esa ruta, para rearticular una izquierda con raíces populares, con ética militante y con vocación de mayoría.
En el plano internacional, el escenario también es desafiante. Avanza la ultraderecha en América Latina y en el mundo, mientras las derechas tradicionales se mimetizan con su discurso para no perder terreno. Lo hemos visto en Argentina con Milei, en Europa con Le Pen y en Estados Unidos con Trump. En ese contexto, Chile debe optar entre ser parte de esa ola reaccionaria o recuperar el impulso transformador que lo convirtió en ejemplo de lucha popular. Jeanette Jara puede ser ese dique de contención, pero también la llave para abrir un nuevo ciclo regional desde la izquierda.
Chile no necesita una candidatura vacía de contenido ni una reedición tecnocrática del modelo neoliberal. Tampoco puede permitirse retroceder con la derecha. Lo que necesita es una conducción con coraje, con historia y con horizonte. Jeanette Jara encarna esa posibilidad, porque no viene del marketing político ni de las redes del poder tradicional, sino de las luchas obreras, del mundo popular y del compromiso real con una vida digna para todas y todos.
En definitiva, las encuestas no
solo miden preferencias, miden estados de ánimo y cambios de ciclo. Y hoy ese
ciclo apunta a la emergencia de una nueva izquierda, comprometida con el pueblo
y dispuesta a gobernar sin traicionar. Jeanette Jara no es solo una candidata
en ascenso: es una posibilidad concreta de que la esperanza vuelva a ser una
herramienta política. Y si la izquierda es capaz de estar a la altura, no solo
derrotaremos a la derecha, sino que abriremos un nuevo capítulo para Chile y su
pueblo.


