jueves, 22 de enero de 2026

Donde todavía se arreglan las cosas




Cerca del paradero donde me bajo al regresar a casa, había notado un pequeño local donde trabajan el cuero. Días antes me había comprado un cinturón, pero no calculé bien la panza y, en un acto de brutalidad en su máxima expresión, le hice dos hoyitos con un clavo. Así que decidí entrar a ese local que hace días me parecía atractivo, para ver si el maestro podía arreglar la cagaita que había dejado en mi cinturón.


Al contarle mi historia me dijo:

No sabes cuánta gente llega por lo mismo…


Ahí dejé de sentirme tan bruto. Me ofreció un mate mientras sacaba una vieja y oxidada perforadora de cuero. En tan solo dos “crunch”, el cinturón quedó impeque. Incluso pintó los bordes del corte para que el trabajo quedara bien hecho.


El mate seguía intacto, así que, ofreciendo asiento, nos pusimos a conversar de la vida. Le hablé de mis recuerdos del zapatero del cerro en Valpo, abajo de la cancha del 9, por donde vendían cloro; donde llevábamos la pelota descosida y también los zapatos cuando ya no daban más, con la suela despegada y la vida colgando. Fue una conversa grata, de esas donde el tiempo hace un alto.


Ahí comprendí que, a pesar del gran capital, todavía quedan hombres fieles a su oficio; una lucha diaria cargada de identidad e historia.


Así que, si usted anda por La Florida, entre Rojas Magallanes y Av. La Florida, pase a visitar a mi amigo.

viernes, 9 de enero de 2026

Cuando un pueblo toca los talones del imperio



Desde sus orígenes, la riqueza petrolera de Venezuela ha sido el escenario de una disputa histórica entre la autodeterminación de su pueblo y la voracidad del capital transnacional. Aunque en 1975, bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez (Acción Democrática), se formalizó la nacionalización del petróleo, dicho proceso estuvo lejos de constituir una ruptura real: fue una nacionalización pactada, acompañada de cuantiosas indemnizaciones a las corporaciones extranjeras, lo que permitió que la estructura de dependencia y subordinación al poder económico externo permaneciera prácticamente intacta. 

Fue únicamente cuando Venezuela decidió avanzar hacia una independencia económica efectiva orientada a recuperar el control soberano de sus recursos estratégicos y a redistribuir la renta petrolera en favor de las grandes mayorías históricamente excluidas que el país pasó a convertirse en un objetivo prioritario de la contraofensiva imperialista. En ese punto, el conflicto dejó de ser tolerable para el poder hegemónico: no se trataba ya de administrar el petróleo, sino de disputar quién decide sobre él. No es, por tanto, una ofensiva contra un nombre propio o un liderazgo individual, sino contra un proyecto político que se atrevió a tocar los talones del imperio y a cuestionar su dominio histórico sobre la mayor reserva de crudo del planeta.

En la actualidad, Venezuela enfrenta un asedio criminal encabezado por Estados Unidos, materializado en un entramado de sanciones ilegales y medidas coercitivas unilaterales destinadas a asfixiar a la industria estatal PDVSA y provocar el colapso económico del país. Esta agresión ha escalado hasta el saqueo abierto de activos nacionales, como el despojo de la empresa Citgo y el secuestro de las reservas de oro depositadas en bancos extranjeros, prácticas propias de una piratería moderna orientada a financiar la desestabilización política y erosionar el orden institucional. 

Sin embargo, lejos de doblegar la voluntad popular, este bloqueo diseñado deliberadamente para generar sufrimiento social ha dejado al descubierto la naturaleza real del conflicto. No está en juego la defensa de la democracia ni de los derechos humanos, sino el control geopolítico de los recursos energéticos. En ese marco, la resistencia venezolana adquiere una dimensión histórica: reafirma que el petróleo no es un botín al servicio de los intereses de Washington, sino una herramienta de soberanía, dignidad y liberación de los pueblos. 

En un escenario internacional marcado por el agotamiento del orden unipolar y el avance, no exento de tensiones, de un mundo multipolar, la defensa del petróleo venezolano se convierte también en una defensa del derecho de las naciones a decidir sin tutelajes externos. La experiencia venezolana, más allá de coyunturas y nombres, se inscribe así en la lucha más amplia de América Latina y del Sur Global por romper definitivamente las cadenas del imperialismo y construir un horizonte de justicia social y autodeterminación.

Entre Washington y realidad: quién construye la noticia?

  Asombra cómo los noticiarios chilenos replican casi al pie de la letra una pauta que parece escrita en Washington. Se presenta como “victo...