lunes, 17 de noviembre de 2025

El Partido Comunista como Eje Organizacional de la Izquierda.


 







El gráfico de "Electividad por Partido" nos entrega un dato fundamental que la izquierda chilena debe asumir como una fortaleza innegable: con un 47.8% de electividad (parlamentarios electos sobre candidatos presentados), el Partido Comunista (PC) no solo lidera la tabla, sino que demuestra una solidez y constancia electoral innegable. Este porcentaje, el más alto de todas las fuerzas, refleja una base militante organizada, disciplinada y fiel, con una maquinaria altamente eficiente para transformar el apoyo político en escaños reales. Esta capacidad de organización y eficacia es uno de los activos más importantes que hoy tiene la izquierda chilena.

En el actual contexto de avance de los afanes fascistas y ultraconservadores, que buscan dividir, negar la historia e instalar narrativas de odio, la solidez y la disciplina del PC deben ser un elemento catalizador para el fortalecimiento de toda la izquierda. El desafío es tomar esta lección de eficiencia esta capacidad probada de convertir las ideas en poder legislativo para construir una unidad estratégica más robusta. La única forma efectiva de frenar el avance de la ultraderecha es con una izquierda que esté organizada, unida en torno a un proyecto común y que demuestre la misma, o superior, capacidad de movilización y seriedad política que exhibe el Partido Comunista. El 47.8% es una prueba de que el trabajo territorial responde y debe inspirar a toda la alianza para consolidar una fuerza democrática inquebrantable.

 

domingo, 6 de julio de 2025

Desde Recoleta a Nueva York: vivir mejor es posible con supermercados y viviendas populares







En distintas partes del mundo, hay proyectos que demuestran que otra forma de gobernar es posible. Que desde los municipios se puede hacer mucho más que administrar: se puede mejorar la vida de la gente, intervenir en el mercado y garantizar derechos.

Eso es lo que une a dos experiencias que, aunque están separadas por miles de kilómetros, tienen mucho en común: el proyecto comunal de Recoleta, en Chile, y la candidatura de Zohran Mamdani a la alcaldía de Nueva York.

Un enfoque popular para resolver problemas reales

Tanto en Recoleta como en Nueva York, hay algo que se repite: la convicción de que el acceso a bienes básicos como la comida, los medicamentos, el transporte o la vivienda, no puede depender solo del mercado ni del bolsillo de cada uno.

Ambos proyectos impulsan una idea que podemos llamar popular. ¿Qué significa esto? Que las decisiones se toman pensando en las necesidades reales de la gente, y no en las ganancias de unos pocos. Que se construyen soluciones colectivas para bajar el costo de vida y garantizar lo esencial.

Mamdani en Nueva York: propuestas que cambian la vida

Zohran Mamdani es legislador y hoy se postula como alcalde de Nueva York. Es parte de los Democratic Socialists of America (DSA) y ha levantado propuestas valientes que ponen en el centro a la clase trabajadora.

Entre sus ideas más fuertes está la creación de “supermercados populares”. Serían propiedad de la ciudad, sin fines de lucro, sin pagar arriendo ni impuestos, y vendiendo productos a precio mayorista. Todo para que los neoyorquinos puedan acceder a alimentos a precios justos.

También propone eliminar la tarifa del transporte público en los buses, y entregar cuidado infantil gratuito para todas las familias, desde los 6 meses hasta los 5 años. Además, busca mejorar los sueldos de quienes trabajan en ese sector, igualándolos a los de los profesores.

En vivienda, Mamdani plantea construir más viviendas con arriendo controlado y actuar con fuerza contra los especuladores inmobiliarios, incluso expropiando propiedades cuando sea necesario.

Recoleta: una comuna que hizo realidad el “vivir mejor es posible”

Mientras en Nueva York se están planteando estas ideas, en Recoleta muchas de ellas ya se vienen aplicando desde hace más de una década.

Bajo el liderazgo de Daniel Jadue y hoy con Fares Jadue como continuador del proyecto comunista, Recoleta ha creado una serie de servicios populares que han hecho una gran diferencia en la vida diaria de los Recoletanos.

La Farmacia Popular, que vende medicamentos a precios bajos, fue el puntapié inicial. Luego llegaron las Ópticas Populares, Librerías Populares y la Funeraria Popular. Todas con el mismo principio: eliminar a los intermediarios, bajar los precios y asegurar acceso a lo básico.

Estas políticas no nacen desde arriba: muchas veces son empujadas y sostenidas por la organización de vecinos y vecinas que participan activamente en su construcción.

Dos ciudades, una misma dirección

Nueva York tiene más de 8 millones de habitantes y una capacidad económica gigante. Recoleta tiene cerca de 160 mil, con un presupuesto mucho más ajustado y con menos autonomía. Pero eso no ha sido impedimento para que ambas experiencias compartan un mismo camino: usar el poder local para mejorar la vida de las personas.

En Recoleta, la Inmobiliaria Popular he permitido el acceso a viviendas sociales en arriendo a precio justo. En Nueva York, Mamdani quiere triplicar la producción de viviendas con renta estabilizada. Son contextos distintos, pero con la misma meta: frenar el abuso inmobiliario y garantizar el derecho a una vivienda digna.

Una política que pone a la gente en el centro

Lo que une estos proyectos es algo simple y profundo: la idea de que el mercado, por sí solo, no resuelve los problemas de la gente. Que el Estado, y en particular los municipios, tienen el deber de actuar cuando la vida se hace insostenible para la mayoría.

Ya sea en Nueva York o en Recoleta, estas experiencias nos muestran que sí se puede hacer política desde abajo, con sentido común y convicción.

Vivir mejor es posible, y hay quienes están dispuestos a hacerlo realidad, desde los barrios de Recoleta hasta las calles de Nueva York.


lunes, 5 de mayo de 2025

Defender a Cuba, transformar Chile

 


En cada periodo electoral en Chile, los grandes medios de comunicación controlados por los capitales económicos recurren a viejos comodines para desviar el debate político de los problemas reales que afectan a nuestro pueblo. Entre esos recursos repetidos, la constante mención a Cuba y a su modelo político ocupa siempre un lugar destacado. Lo hacen no porque les interese sinceramente la realidad cubana, sino para distraer la atención, deslegitimar a quienes buscamos transformaciones profundas y sembrar miedo entre las y los trabajadores. Desde una perspectiva de izquierda, en particular de quienes nos identificamos como comunistas, es fundamental responder con claridad, pero sobre todo mantener el foco en lo que realmente importa: las transformaciones necesarias para el pueblo chileno.

El modelo político cubano nació de una revolución popular que logró derrocar a una dictadura feroz y a un régimen completamente subordinado a los intereses de Estados Unidos. Desde 1959, Cuba ha construido un sistema basado en la soberanía nacional, la participación comunitaria y la prioridad del bienestar colectivo. Mientras en Chile y gran parte de América Latina las democracias liberales han convivido con el saqueo neoliberal y la desigualdad, Cuba ha priorizado derechos básicos como salud, educación, cultura y vivienda. Por supuesto, el proceso cubano no está exento de dificultades, muchas de ellas agravadas por el bloqueo económico impuesto por EE.UU., pero ha sido un esfuerzo por construir una sociedad centrada en las personas y no en el lucro.

Ahora bien, reconocer la validez histórica y política del proceso cubano no significa que debamos trasladar su modelo de forma mecánica a nuestra realidad. Chile tiene su propio camino que recorrer, marcado por su historia, su cultura y sus luchas. Aquí, lo fundamental es avanzar hacia una democracia más profunda, que supere las limitaciones de la democracia liberal representativa, hoy capturada por los grandes poderes económicos. Necesitamos construir un modelo político donde la ciudadanía participe efectivamente en las decisiones, donde los derechos sociales estén garantizados, y donde el bienestar de las grandes mayorías sea el eje de la política pública.

La insistencia de la prensa en centrar el debate en Cuba busca desviar la atención de las preguntas de fondo que afectan a Chile: ¿Por qué seguimos siendo uno de los países más desiguales del mundo? ¿Por qué derechos esenciales como la salud, la educación o la vivienda siguen siendo privilegios de pocos? ¿Por qué las riquezas generadas por las y los trabajadores terminan en manos de una minoría? Estas son las preguntas que debemos instalar en el debate electoral y social, y no dejarnos arrastrar por comparaciones que poco aportan a nuestra discusión nacional.

En resumen, defender la soberanía y los avances sociales de Cuba frente a las campañas de desprestigio es legítimo, pero el centro de nuestra atención y energía debe estar puesto en los desafíos de Chile. Nuestro compromiso está con las luchas locales, con las necesidades de nuestro pueblo, con los sueños de justicia, igualdad y democracia real que nos mueven cada día. Es aquí donde debemos concentrar nuestras fuerzas y construir, desde abajo, una alternativa de transformación social.

lunes, 21 de abril de 2025

La esperanza vuelve a ser herramienta política

 







Con la última entrega de los resultados de CADEM del 20 de abril, a fotografía electoral comienza a despejarse y revela una tendencia cada vez más clara: el pueblo comienza a darle la espalda a las expresiones agotadas del progresismo moderado y a las fuerzas conservadoras que solo proponen retrocesos. En esta nueva etapa, Jeanette Jara no solo emerge como una figura con presencia creciente, sino como una esperanza para quienes buscan una transformación real, desde la base y con contenido.

La caída de Carolina Tohá en las encuestas de 22% a 18% confirma lo que muchas y muchos advertíamos: el PPD representa una política que se agotó, que administró el modelo en vez de enfrentarlo. Su versión de la socialdemocracia chilena ya no entusiasma a nadie. Lo mismo ocurre con el Frente Amplio, que tras años en el poder ha mostrado más vocación por los equilibrios institucionales que por impulsar los cambios que prometieron desde la calle.

A su vez, la derecha comienza a mostrar fisuras en su aparente solidez. Su baja de 32% a 26% es una señal clara de que su discurso de orden, castigo y retorno al modelo de los ’90 ya no seduce a las grandes mayorías. Kast, con su fanatismo ideológico, no logra expandir su base, y Matthei no puede desmarcarse de un pasado que representa represión, privatización y desprecio por los derechos sociales.

Es en este escenario que Jeanette Jara crece con fuerza. Su alza de 9% a 12% en solo un mes es más que un dato: es la expresión de una búsqueda colectiva por una alternativa real. Su trayectoria como dirigenta estudiantil, subsecretaria y Ministra de Estado, su compromiso con los derechos sociales y su claridad política la posicionan como una candidatura seria, con arraigo popular y con proyecto. No es solo un nombre en una encuesta: es el reflejo de una voluntad por retomar la senda del cambio que el pueblo de Chile ha demandado en cada movilización de la última década.

Pero el camino no será fácil. La izquierda chilena tiene por delante el enorme desafío de reconstruir su unidad en base a un programa transformador y no a cálculos de gobernabilidad. Debe aprender de sus errores recientes: las alianzas sin contenido, las concesiones al poder económico y la desconexión con las organizaciones sociales. Jeanette Jara representa una oportunidad para corregir esa ruta, para rearticular una izquierda con raíces populares, con ética militante y con vocación de mayoría.

En el plano internacional, el escenario también es desafiante. Avanza la ultraderecha en América Latina y en el mundo, mientras las derechas tradicionales se mimetizan con su discurso para no perder terreno. Lo hemos visto en Argentina con Milei, en Europa con Le Pen y en Estados Unidos con Trump. En ese contexto, Chile debe optar entre ser parte de esa ola reaccionaria o recuperar el impulso transformador que lo convirtió en ejemplo de lucha popular. Jeanette Jara puede ser ese dique de contención, pero también la llave para abrir un nuevo ciclo regional desde la izquierda.

Chile no necesita una candidatura vacía de contenido ni una reedición tecnocrática del modelo neoliberal. Tampoco puede permitirse retroceder con la derecha. Lo que necesita es una conducción con coraje, con historia y con horizonte. Jeanette Jara encarna esa posibilidad, porque no viene del marketing político ni de las redes del poder tradicional, sino de las luchas obreras, del mundo popular y del compromiso real con una vida digna para todas y todos.

En definitiva, las encuestas no solo miden preferencias, miden estados de ánimo y cambios de ciclo. Y hoy ese ciclo apunta a la emergencia de una nueva izquierda, comprometida con el pueblo y dispuesta a gobernar sin traicionar. Jeanette Jara no es solo una candidata en ascenso: es una posibilidad concreta de que la esperanza vuelva a ser una herramienta política. Y si la izquierda es capaz de estar a la altura, no solo derrotaremos a la derecha, sino que abriremos un nuevo capítulo para Chile y su pueblo.

lunes, 14 de abril de 2025

Sube la luz, baja la dignidad


 






Hoy se anunció un nuevo golpe al bolsillo de millones de familias: un alza del 7% en las cuentas de electricidad. Se suma al aumento del pasaje a principios de este año, al alza sostenida del gas, y al precio del combustible, que parece no tener techo. Y mientras tanto,  ¿quién protege al pueblo?

La respuesta gubernamental siempre es a través de tecnicismos, habla de “ajustes” y “normalizaciones tarifarias”. Pero para quienes viven con un sueldo mínimo, para los adultos mayores, para las familias que apenas alcanzan a fin de mes, esto no es una cifra: es la angustia de no saber si se podrá pagar la luz sin dejar de comprar pan.

En Recoleta hemos demostrado que sí existen alternativas. Con la Farmacia y la Óptica Popular desafiamos el abuso del mercado en la salud. Con los huertos comunitarios, abrimos camino hacia la soberanía alimentaria. Y con el proyecto de Energía Popular, estamos demostrando que la energía también puede ser un derecho y no un negocio.

Estas experiencias no son soluciones aisladas. Son señales de una política distinta: una donde el Estado y las comunidades se organizan para garantizar lo básico, lo justo, lo que debería ser un derecho y no una mercancía.

Pero mientras el Estado central siga cediendo sus responsabilidades al mercado, la vida será cada vez más dura para el pueblo. El problema no es técnico, es político. Porque en el Congreso, una y otra vez, son los sectores de derecha quienes bloquean cualquier intento de recuperar control público sobre los servicios básicos. Defienden el modelo con dientes y uñas, porque en él se enriquecen los mismos de siempre, mientras millones apenas sobreviven.

Es hora de hacer un giro profundo. Esta etapa de construcción de propuestas para Chile no puede seguir siendo una discusión abstracta. Las urgencias del pueblo, “vivir con dignidad”, “pagar cuentas justas”, “tener derechos básicos garantizados”, deben estar al centro de los programas presidenciales.

Y no solo eso. Necesitamos un voto de compromiso claro de quienes aspiran a estar en el Parlamento: ¿van a seguir defendiendo los intereses del mercado o van a ponerse del lado del pueblo?

Porque cuidar el bolsillo del pueblo no es populismo, es justicia. Porque lo esencial no puede seguir en manos del mercado. Y porque no queremos sobrevivir: queremos vivir bien.

lunes, 7 de abril de 2025

Distrito 9

La consolidación del Partido Comunista en el norte de Santiago es el resultado de una construcción política sostenida, que tiene sus raíces en el año 2000 pero que se materializó decisivamente en 2012 con el triunfo de Daniel Jadue en la alcaldía de Recoleta. Desde entonces, el Partido Comunista ha desplegado un proyecto transformador en el territorio, basado en políticas públicas concretas como la Farmacia Popular, la Inmobiliaria Popular y una gestión municipal centrada en la dignidad de los sectores históricamente marginados. Este modelo no solo revitalizó el rol de los municipios, sino que irradió su influencia hacia otras comunas del norte y poniente de la capital, demostrando que otra forma de gobernar es posible.

Un hito clave en esta trayectoria fue la contundente derrota que el PC infligió al PPD en 2014, cuando Karol Cariola arrasó con el 72,2% de los votos en una primaria del entonces distrito 19, frente a Oscar Santelices (hoy coordinador del equipo de Carolina Tohá). Este resultado no solo reflejó el declive de la Concertación desconectada de las bases, sino también la solidez del trabajo territorial comunista. Desde entonces, el PC ha mantenido con firmeza su representación en el actual distrito 9, que agrupa comunas emblemáticas como Recoleta, Independencia, Quinta Normal, Renca, Conchalí y Cerro Navia con Karol Cariola y Boris Barrera.

Hoy, con Cariola imposibilitada de repostularse por el límite de reelecciones y proyectándose al Senado por Valparaíso, Daniel Jadue emerge como el único liderazgo con la fuerza y el arraigo necesarios para defender este escaño. Su trayectoria al frente de Recoleta, su legitimidad ante las mayorías populares y su capacidad de movilización electoral lo convierten en el candidato natural para garantizar la continuidad del proyecto que el PC ha levantado en la zona.

Pero esta fortaleza no es obra de un individuo: es el fruto de una construcción colectiva, donde el alcalde, los concejales y las bases del partido han tejido poder popular a través de diversas experiencias exitosas y una presencia activa en las luchas sociales. Esta red ha resistido embates judiciales y mediáticos, consolidándose como una alternativa real al neoliberalismo desde los territorios.

En este contexto, mantener este escaño no es un acto simbólico, sino una necesidad estratégica: se trata de asegurar una voz combativa en el Parlamento, que luche por las transformaciones que exige el pueblo. Como enseñaba Recabarren, la clase trabajadora necesita representantes que no se subordinen a los partidos del orden, sino que utilicen las tribunas para avanzar en sus derechos.

En un escenario de reconfiguración política, garantizar la presencia parlamentaria no es una opción, sino un deber histórico con las mayorías que han depositado su esperanza en el proyecto comunista. El norte de Santiago lo sabe, y por eso Jadue no es solo un candidato: es la continuidad de una lucha.

lunes, 31 de marzo de 2025

Recuperar el rumbo: Estrategia y programa para una izquierda transformadora












Nuestro gobierno alcanzó el triunfo con la promesa de cambiar las estructuras que sostienen el modelo neoliberal, pero en el transcurso de su gestión ha enfrentado un complejo panorama institucional que ha puesto a prueba su capacidad para impulsar transformaciones profundas. La necesidad de acuerdos legislativos, la fragmentación política y la influencia de la vieja política han empujado a sectores de la izquierda a adoptar una postura cada vez más cercana a la socialdemocracia, una mutación peligrosa que ha limitado la radicalidad del proyecto original. La lección de este proceso es clara: la izquierda no puede reducir su lucha al parlamento ni ceder a la lógica concertacionista sin renunciar a sus principios de cambio estructural.

El municipalismo transformador ha demostrado ser un camino viable para sortear las barreras institucionales del Estado neoliberal. La experiencia de Recoleta, bajo la conducción del Partido Comunista primero con Daniel Jadue y hoy con Fares Jadue, es un claro ejemplo de cómo un municipio puede convertirse en un espacio de resistencia y de construcción de alternativas concretas para la gente. Desde la farmacia y óptica popular hasta el impulso de proyectos educativos innovadores, la gestión municipal ha demostrado que es posible construir poder desde los territorios, fortaleciendo la organización social y promoviendo políticas públicas que desafían la hegemonía del mercado. Un gobierno de izquierda debe asumir que el municipalismo no es un complemento menor, sino una estrategia clave para consolidar una base de poder popular real.

La influencia de la agenda concertacionista ha sido uno de los principales obstáculos para las transformaciones de nuestro gobierno. La integración de figuras del socialismo tradicional y la asimilación de su discurso han generado una pérdida de identidad en sectores de la izquierda que, en lugar de impulsar un proyecto de ruptura con el neoliberalismo, han terminado administrándolo.
Esta deriva no es casual: es el resultado de un sistema diseñado para cooptar a quienes llegan al poder y someterlos a los límites de una institucionalidad que solo permite cambios superficiales. La historia reciente demuestra que cuando la izquierda se acomoda a la gobernabilidad dentro de estos márgenes, termina desarmando su propio proyecto político y alejándose de las grandes transformaciones que la movilizaron.

En Chile, quienes se oponen al modelo impuesto por la clase dominante son perseguidos judicialmente. La criminalización de dirigentes sociales, la represión a las movilizaciones y la utilización del aparato judicial como herramienta de disciplinamiento político han sido prácticas sistemáticas para frenar cualquier intento de ruptura con el orden establecido. La izquierda debe comprender que la disputa por el poder real no se juega solo en las instituciones, sino en la capacidad de construir organización y resistencia en todos los espacios de la sociedad. No basta con intentar gobernar bajo las reglas impuestas por el neoliberalismo; es necesario enfrentarlo con una estrategia clara, con voluntad de confrontación y con una articulación sólida entre lo institucional y lo popular.

Si la izquierda quiere recuperar la iniciativa, debe reenfocar su estrategia hacia la construcción de un poder popular que no dependa de las negociaciones en el Congreso ni de la validación de los sectores tradicionales de la política. Esto implica fortalecer la autonomía de los territorios, impulsar mecanismos de participación directa que trasciendan la democracia representativa y asumir que la transformación del Estado no se logrará solo desde dentro, sino desde la presión organizada de las mayorías. Chile no necesita una izquierda que se acomode al sistema; necesita una izquierda que lo desafíe y lo transforme.

Entre Washington y realidad: quién construye la noticia?

  Asombra cómo los noticiarios chilenos replican casi al pie de la letra una pauta que parece escrita en Washington. Se presenta como “victo...