miércoles, 8 de abril de 2026

Entre Washington y realidad: quién construye la noticia?

 


Asombra cómo los noticiarios chilenos replican casi al pie de la letra una pauta que parece escrita en Washington. Se presenta como “victoria diplomática” el ultimátum de Donald Trump, pero se omiten elementos clave del contexto: sus antecedentes de impeachment y las tensiones reales que enfrenta al interior del Partido Republicano de Estados Unidos, que evidencian un escenario político mucho más fragmentado de lo que se intenta mostrar.


Al mismo tiempo, se simplifica en exceso la situación internacional, invisibilizando la capacidad de disuasión de Irán, que ha demostrado en distintos episodios contar con herramientas militares relevantes en la región. Sin embargo, en lugar de abordar esa complejidad, el análisis se reduce a una lógica binaria, casi cinematográfica, donde una potencia aparece como incuestionablemente dominante.


Más que informar, este tipo de cobertura termina instalando relatos parciales, muchas veces alimentados por el flujo de agencias internacionales como Reuters o Associated Press, que tienden a fijar marcos interpretativos globales.


Frente a esto, apoyar y fortalecer la prensa independiente no es solo una opción, es una necesidad democrática. Diversificar las fuentes, abrir espacio a miradas críticas y promover medios que investiguen con autonomía es clave para romper la hegemonía informativa y construir una ciudadanía más consciente y mejor informada.

jueves, 22 de enero de 2026

Donde todavía se arreglan las cosas




Cerca del paradero donde me bajo al regresar a casa, había notado un pequeño local donde trabajan el cuero. Días antes me había comprado un cinturón, pero no calculé bien la panza y, en un acto de brutalidad en su máxima expresión, le hice dos hoyitos con un clavo. Así que decidí entrar a ese local que hace días me parecía atractivo, para ver si el maestro podía arreglar la cagaita que había dejado en mi cinturón.


Al contarle mi historia me dijo:

No sabes cuánta gente llega por lo mismo…


Ahí dejé de sentirme tan bruto. Me ofreció un mate mientras sacaba una vieja y oxidada perforadora de cuero. En tan solo dos “crunch”, el cinturón quedó impeque. Incluso pintó los bordes del corte para que el trabajo quedara bien hecho.


El mate seguía intacto, así que, ofreciendo asiento, nos pusimos a conversar de la vida. Le hablé de mis recuerdos del zapatero del cerro en Valpo, abajo de la cancha del 9, por donde vendían cloro; donde llevábamos la pelota descosida y también los zapatos cuando ya no daban más, con la suela despegada y la vida colgando. Fue una conversa grata, de esas donde el tiempo hace un alto.


Ahí comprendí que, a pesar del gran capital, todavía quedan hombres fieles a su oficio; una lucha diaria cargada de identidad e historia.


Así que, si usted anda por La Florida, entre Rojas Magallanes y Av. La Florida, pase a visitar a mi amigo.

viernes, 9 de enero de 2026

Cuando un pueblo toca los talones del imperio



Desde sus orígenes, la riqueza petrolera de Venezuela ha sido el escenario de una disputa histórica entre la autodeterminación de su pueblo y la voracidad del capital transnacional. Aunque en 1975, bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez (Acción Democrática), se formalizó la nacionalización del petróleo, dicho proceso estuvo lejos de constituir una ruptura real: fue una nacionalización pactada, acompañada de cuantiosas indemnizaciones a las corporaciones extranjeras, lo que permitió que la estructura de dependencia y subordinación al poder económico externo permaneciera prácticamente intacta. 

Fue únicamente cuando Venezuela decidió avanzar hacia una independencia económica efectiva orientada a recuperar el control soberano de sus recursos estratégicos y a redistribuir la renta petrolera en favor de las grandes mayorías históricamente excluidas que el país pasó a convertirse en un objetivo prioritario de la contraofensiva imperialista. En ese punto, el conflicto dejó de ser tolerable para el poder hegemónico: no se trataba ya de administrar el petróleo, sino de disputar quién decide sobre él. No es, por tanto, una ofensiva contra un nombre propio o un liderazgo individual, sino contra un proyecto político que se atrevió a tocar los talones del imperio y a cuestionar su dominio histórico sobre la mayor reserva de crudo del planeta.

En la actualidad, Venezuela enfrenta un asedio criminal encabezado por Estados Unidos, materializado en un entramado de sanciones ilegales y medidas coercitivas unilaterales destinadas a asfixiar a la industria estatal PDVSA y provocar el colapso económico del país. Esta agresión ha escalado hasta el saqueo abierto de activos nacionales, como el despojo de la empresa Citgo y el secuestro de las reservas de oro depositadas en bancos extranjeros, prácticas propias de una piratería moderna orientada a financiar la desestabilización política y erosionar el orden institucional. 

Sin embargo, lejos de doblegar la voluntad popular, este bloqueo diseñado deliberadamente para generar sufrimiento social ha dejado al descubierto la naturaleza real del conflicto. No está en juego la defensa de la democracia ni de los derechos humanos, sino el control geopolítico de los recursos energéticos. En ese marco, la resistencia venezolana adquiere una dimensión histórica: reafirma que el petróleo no es un botín al servicio de los intereses de Washington, sino una herramienta de soberanía, dignidad y liberación de los pueblos. 

En un escenario internacional marcado por el agotamiento del orden unipolar y el avance, no exento de tensiones, de un mundo multipolar, la defensa del petróleo venezolano se convierte también en una defensa del derecho de las naciones a decidir sin tutelajes externos. La experiencia venezolana, más allá de coyunturas y nombres, se inscribe así en la lucha más amplia de América Latina y del Sur Global por romper definitivamente las cadenas del imperialismo y construir un horizonte de justicia social y autodeterminación.

lunes, 17 de noviembre de 2025

El Partido Comunista como Eje Organizacional de la Izquierda.


 







El gráfico de "Electividad por Partido" nos entrega un dato fundamental que la izquierda chilena debe asumir como una fortaleza innegable: con un 47.8% de electividad (parlamentarios electos sobre candidatos presentados), el Partido Comunista (PC) no solo lidera la tabla, sino que demuestra una solidez y constancia electoral innegable. Este porcentaje, el más alto de todas las fuerzas, refleja una base militante organizada, disciplinada y fiel, con una maquinaria altamente eficiente para transformar el apoyo político en escaños reales. Esta capacidad de organización y eficacia es uno de los activos más importantes que hoy tiene la izquierda chilena.

En el actual contexto de avance de los afanes fascistas y ultraconservadores, que buscan dividir, negar la historia e instalar narrativas de odio, la solidez y la disciplina del PC deben ser un elemento catalizador para el fortalecimiento de toda la izquierda. El desafío es tomar esta lección de eficiencia esta capacidad probada de convertir las ideas en poder legislativo para construir una unidad estratégica más robusta. La única forma efectiva de frenar el avance de la ultraderecha es con una izquierda que esté organizada, unida en torno a un proyecto común y que demuestre la misma, o superior, capacidad de movilización y seriedad política que exhibe el Partido Comunista. El 47.8% es una prueba de que el trabajo territorial responde y debe inspirar a toda la alianza para consolidar una fuerza democrática inquebrantable.

 

domingo, 6 de julio de 2025

Desde Recoleta a Nueva York: vivir mejor es posible con supermercados y viviendas populares







En distintas partes del mundo, hay proyectos que demuestran que otra forma de gobernar es posible. Que desde los municipios se puede hacer mucho más que administrar: se puede mejorar la vida de la gente, intervenir en el mercado y garantizar derechos.

Eso es lo que une a dos experiencias que, aunque están separadas por miles de kilómetros, tienen mucho en común: el proyecto comunal de Recoleta, en Chile, y la candidatura de Zohran Mamdani a la alcaldía de Nueva York.

Un enfoque popular para resolver problemas reales

Tanto en Recoleta como en Nueva York, hay algo que se repite: la convicción de que el acceso a bienes básicos como la comida, los medicamentos, el transporte o la vivienda, no puede depender solo del mercado ni del bolsillo de cada uno.

Ambos proyectos impulsan una idea que podemos llamar popular. ¿Qué significa esto? Que las decisiones se toman pensando en las necesidades reales de la gente, y no en las ganancias de unos pocos. Que se construyen soluciones colectivas para bajar el costo de vida y garantizar lo esencial.

Mamdani en Nueva York: propuestas que cambian la vida

Zohran Mamdani es legislador y hoy se postula como alcalde de Nueva York. Es parte de los Democratic Socialists of America (DSA) y ha levantado propuestas valientes que ponen en el centro a la clase trabajadora.

Entre sus ideas más fuertes está la creación de “supermercados populares”. Serían propiedad de la ciudad, sin fines de lucro, sin pagar arriendo ni impuestos, y vendiendo productos a precio mayorista. Todo para que los neoyorquinos puedan acceder a alimentos a precios justos.

También propone eliminar la tarifa del transporte público en los buses, y entregar cuidado infantil gratuito para todas las familias, desde los 6 meses hasta los 5 años. Además, busca mejorar los sueldos de quienes trabajan en ese sector, igualándolos a los de los profesores.

En vivienda, Mamdani plantea construir más viviendas con arriendo controlado y actuar con fuerza contra los especuladores inmobiliarios, incluso expropiando propiedades cuando sea necesario.

Recoleta: una comuna que hizo realidad el “vivir mejor es posible”

Mientras en Nueva York se están planteando estas ideas, en Recoleta muchas de ellas ya se vienen aplicando desde hace más de una década.

Bajo el liderazgo de Daniel Jadue y hoy con Fares Jadue como continuador del proyecto comunista, Recoleta ha creado una serie de servicios populares que han hecho una gran diferencia en la vida diaria de los Recoletanos.

La Farmacia Popular, que vende medicamentos a precios bajos, fue el puntapié inicial. Luego llegaron las Ópticas Populares, Librerías Populares y la Funeraria Popular. Todas con el mismo principio: eliminar a los intermediarios, bajar los precios y asegurar acceso a lo básico.

Estas políticas no nacen desde arriba: muchas veces son empujadas y sostenidas por la organización de vecinos y vecinas que participan activamente en su construcción.

Dos ciudades, una misma dirección

Nueva York tiene más de 8 millones de habitantes y una capacidad económica gigante. Recoleta tiene cerca de 160 mil, con un presupuesto mucho más ajustado y con menos autonomía. Pero eso no ha sido impedimento para que ambas experiencias compartan un mismo camino: usar el poder local para mejorar la vida de las personas.

En Recoleta, la Inmobiliaria Popular he permitido el acceso a viviendas sociales en arriendo a precio justo. En Nueva York, Mamdani quiere triplicar la producción de viviendas con renta estabilizada. Son contextos distintos, pero con la misma meta: frenar el abuso inmobiliario y garantizar el derecho a una vivienda digna.

Una política que pone a la gente en el centro

Lo que une estos proyectos es algo simple y profundo: la idea de que el mercado, por sí solo, no resuelve los problemas de la gente. Que el Estado, y en particular los municipios, tienen el deber de actuar cuando la vida se hace insostenible para la mayoría.

Ya sea en Nueva York o en Recoleta, estas experiencias nos muestran que sí se puede hacer política desde abajo, con sentido común y convicción.

Vivir mejor es posible, y hay quienes están dispuestos a hacerlo realidad, desde los barrios de Recoleta hasta las calles de Nueva York.


lunes, 5 de mayo de 2025

Defender a Cuba, transformar Chile

 


En cada periodo electoral en Chile, los grandes medios de comunicación controlados por los capitales económicos recurren a viejos comodines para desviar el debate político de los problemas reales que afectan a nuestro pueblo. Entre esos recursos repetidos, la constante mención a Cuba y a su modelo político ocupa siempre un lugar destacado. Lo hacen no porque les interese sinceramente la realidad cubana, sino para distraer la atención, deslegitimar a quienes buscamos transformaciones profundas y sembrar miedo entre las y los trabajadores. Desde una perspectiva de izquierda, en particular de quienes nos identificamos como comunistas, es fundamental responder con claridad, pero sobre todo mantener el foco en lo que realmente importa: las transformaciones necesarias para el pueblo chileno.

El modelo político cubano nació de una revolución popular que logró derrocar a una dictadura feroz y a un régimen completamente subordinado a los intereses de Estados Unidos. Desde 1959, Cuba ha construido un sistema basado en la soberanía nacional, la participación comunitaria y la prioridad del bienestar colectivo. Mientras en Chile y gran parte de América Latina las democracias liberales han convivido con el saqueo neoliberal y la desigualdad, Cuba ha priorizado derechos básicos como salud, educación, cultura y vivienda. Por supuesto, el proceso cubano no está exento de dificultades, muchas de ellas agravadas por el bloqueo económico impuesto por EE.UU., pero ha sido un esfuerzo por construir una sociedad centrada en las personas y no en el lucro.

Ahora bien, reconocer la validez histórica y política del proceso cubano no significa que debamos trasladar su modelo de forma mecánica a nuestra realidad. Chile tiene su propio camino que recorrer, marcado por su historia, su cultura y sus luchas. Aquí, lo fundamental es avanzar hacia una democracia más profunda, que supere las limitaciones de la democracia liberal representativa, hoy capturada por los grandes poderes económicos. Necesitamos construir un modelo político donde la ciudadanía participe efectivamente en las decisiones, donde los derechos sociales estén garantizados, y donde el bienestar de las grandes mayorías sea el eje de la política pública.

La insistencia de la prensa en centrar el debate en Cuba busca desviar la atención de las preguntas de fondo que afectan a Chile: ¿Por qué seguimos siendo uno de los países más desiguales del mundo? ¿Por qué derechos esenciales como la salud, la educación o la vivienda siguen siendo privilegios de pocos? ¿Por qué las riquezas generadas por las y los trabajadores terminan en manos de una minoría? Estas son las preguntas que debemos instalar en el debate electoral y social, y no dejarnos arrastrar por comparaciones que poco aportan a nuestra discusión nacional.

En resumen, defender la soberanía y los avances sociales de Cuba frente a las campañas de desprestigio es legítimo, pero el centro de nuestra atención y energía debe estar puesto en los desafíos de Chile. Nuestro compromiso está con las luchas locales, con las necesidades de nuestro pueblo, con los sueños de justicia, igualdad y democracia real que nos mueven cada día. Es aquí donde debemos concentrar nuestras fuerzas y construir, desde abajo, una alternativa de transformación social.

lunes, 21 de abril de 2025

La esperanza vuelve a ser herramienta política

 







Con la última entrega de los resultados de CADEM del 20 de abril, a fotografía electoral comienza a despejarse y revela una tendencia cada vez más clara: el pueblo comienza a darle la espalda a las expresiones agotadas del progresismo moderado y a las fuerzas conservadoras que solo proponen retrocesos. En esta nueva etapa, Jeanette Jara no solo emerge como una figura con presencia creciente, sino como una esperanza para quienes buscan una transformación real, desde la base y con contenido.

La caída de Carolina Tohá en las encuestas de 22% a 18% confirma lo que muchas y muchos advertíamos: el PPD representa una política que se agotó, que administró el modelo en vez de enfrentarlo. Su versión de la socialdemocracia chilena ya no entusiasma a nadie. Lo mismo ocurre con el Frente Amplio, que tras años en el poder ha mostrado más vocación por los equilibrios institucionales que por impulsar los cambios que prometieron desde la calle.

A su vez, la derecha comienza a mostrar fisuras en su aparente solidez. Su baja de 32% a 26% es una señal clara de que su discurso de orden, castigo y retorno al modelo de los ’90 ya no seduce a las grandes mayorías. Kast, con su fanatismo ideológico, no logra expandir su base, y Matthei no puede desmarcarse de un pasado que representa represión, privatización y desprecio por los derechos sociales.

Es en este escenario que Jeanette Jara crece con fuerza. Su alza de 9% a 12% en solo un mes es más que un dato: es la expresión de una búsqueda colectiva por una alternativa real. Su trayectoria como dirigenta estudiantil, subsecretaria y Ministra de Estado, su compromiso con los derechos sociales y su claridad política la posicionan como una candidatura seria, con arraigo popular y con proyecto. No es solo un nombre en una encuesta: es el reflejo de una voluntad por retomar la senda del cambio que el pueblo de Chile ha demandado en cada movilización de la última década.

Pero el camino no será fácil. La izquierda chilena tiene por delante el enorme desafío de reconstruir su unidad en base a un programa transformador y no a cálculos de gobernabilidad. Debe aprender de sus errores recientes: las alianzas sin contenido, las concesiones al poder económico y la desconexión con las organizaciones sociales. Jeanette Jara representa una oportunidad para corregir esa ruta, para rearticular una izquierda con raíces populares, con ética militante y con vocación de mayoría.

En el plano internacional, el escenario también es desafiante. Avanza la ultraderecha en América Latina y en el mundo, mientras las derechas tradicionales se mimetizan con su discurso para no perder terreno. Lo hemos visto en Argentina con Milei, en Europa con Le Pen y en Estados Unidos con Trump. En ese contexto, Chile debe optar entre ser parte de esa ola reaccionaria o recuperar el impulso transformador que lo convirtió en ejemplo de lucha popular. Jeanette Jara puede ser ese dique de contención, pero también la llave para abrir un nuevo ciclo regional desde la izquierda.

Chile no necesita una candidatura vacía de contenido ni una reedición tecnocrática del modelo neoliberal. Tampoco puede permitirse retroceder con la derecha. Lo que necesita es una conducción con coraje, con historia y con horizonte. Jeanette Jara encarna esa posibilidad, porque no viene del marketing político ni de las redes del poder tradicional, sino de las luchas obreras, del mundo popular y del compromiso real con una vida digna para todas y todos.

En definitiva, las encuestas no solo miden preferencias, miden estados de ánimo y cambios de ciclo. Y hoy ese ciclo apunta a la emergencia de una nueva izquierda, comprometida con el pueblo y dispuesta a gobernar sin traicionar. Jeanette Jara no es solo una candidata en ascenso: es una posibilidad concreta de que la esperanza vuelva a ser una herramienta política. Y si la izquierda es capaz de estar a la altura, no solo derrotaremos a la derecha, sino que abriremos un nuevo capítulo para Chile y su pueblo.

Entre Washington y realidad: quién construye la noticia?

  Asombra cómo los noticiarios chilenos replican casi al pie de la letra una pauta que parece escrita en Washington. Se presenta como “victo...