lunes, 14 de abril de 2025

Sube la luz, baja la dignidad


 






Hoy se anunció un nuevo golpe al bolsillo de millones de familias: un alza del 7% en las cuentas de electricidad. Se suma al aumento del pasaje a principios de este año, al alza sostenida del gas, y al precio del combustible, que parece no tener techo. Y mientras tanto,  ¿quién protege al pueblo?

La respuesta gubernamental siempre es a través de tecnicismos, habla de “ajustes” y “normalizaciones tarifarias”. Pero para quienes viven con un sueldo mínimo, para los adultos mayores, para las familias que apenas alcanzan a fin de mes, esto no es una cifra: es la angustia de no saber si se podrá pagar la luz sin dejar de comprar pan.

En Recoleta hemos demostrado que sí existen alternativas. Con la Farmacia y la Óptica Popular desafiamos el abuso del mercado en la salud. Con los huertos comunitarios, abrimos camino hacia la soberanía alimentaria. Y con el proyecto de Energía Popular, estamos demostrando que la energía también puede ser un derecho y no un negocio.

Estas experiencias no son soluciones aisladas. Son señales de una política distinta: una donde el Estado y las comunidades se organizan para garantizar lo básico, lo justo, lo que debería ser un derecho y no una mercancía.

Pero mientras el Estado central siga cediendo sus responsabilidades al mercado, la vida será cada vez más dura para el pueblo. El problema no es técnico, es político. Porque en el Congreso, una y otra vez, son los sectores de derecha quienes bloquean cualquier intento de recuperar control público sobre los servicios básicos. Defienden el modelo con dientes y uñas, porque en él se enriquecen los mismos de siempre, mientras millones apenas sobreviven.

Es hora de hacer un giro profundo. Esta etapa de construcción de propuestas para Chile no puede seguir siendo una discusión abstracta. Las urgencias del pueblo, “vivir con dignidad”, “pagar cuentas justas”, “tener derechos básicos garantizados”, deben estar al centro de los programas presidenciales.

Y no solo eso. Necesitamos un voto de compromiso claro de quienes aspiran a estar en el Parlamento: ¿van a seguir defendiendo los intereses del mercado o van a ponerse del lado del pueblo?

Porque cuidar el bolsillo del pueblo no es populismo, es justicia. Porque lo esencial no puede seguir en manos del mercado. Y porque no queremos sobrevivir: queremos vivir bien.

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